Descubrí una cámara oculta en nuestro Airbnb y la respuesta escalofriante del anfitrión cambió para siempre mi visión de la seguridad al viajar

El mundo parecía derrumbarse bajo mis pies. Mi corazón latía con fuerza y, sin decir una palabra, empecé a guardar nuestras cosas en las maletas. Unos minutos después, estábamos fuera, alejándonos a toda velocidad de esa casa que ya no tenía nada de hogar.

Del alivio al miedo

Nos detuvimos en un restaurante a dos ciudades de distancia, estacionados bajo la luz fría de los neones, intentando recuperar el aliento. Abrí mi ordenador portátil y escribí una reseña furiosa, advirtiendo a futuros viajeros sobre la cámara oculta que habíamos descubierto.

Esperaba silencio, o incluso una negación por parte del anfitrión. En cambio, unos minutos después apareció una notificación.

El anfitrión había respondido.

«Idiota», comenzaba el mensaje. «Eso no era una cámara. Era el transmisor de nuestro sistema de seguridad privado. Ahora lo has roto, y ellos van a venir a buscarlo.»

¿«Ellos»?
Esa simple palabra me heló la sangre.

¿Quiénes eran? ¿Y por qué vendrían a por nosotros?

Mis manos temblaban mientras revisaba las fotos que había tomado antes en el alojamiento. Quería pruebas, la certeza de que no había imaginado nada. Fue entonces cuando noté algo inquietante en una de las imágenes: un pequeño punto rojo reflejado en la cortina.

No era un detector de humo. No era una luz de batería. Era claramente algo parecido a un láser.

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