2. Aumento de peso sin razón aparente
¿Comes equilibrado y haces ejercicio, pero aun así aumentas de peso? Un hígado saturado de toxinas puede ralentizar el metabolismo y dificultar el control del peso. En lugar de eliminar grasas, tiende a almacenarlas.
Qué hacer: apuesta por alimentos que apoyen la función hepática como la alcachofa, el rábano negro o el limón. Evita el alcohol y los azúcares refinados, que sobrecargan aún más el hígado.
3. La piel refleja un desequilibrio interno
Acné persistente, enrojecimiento, eccema o un tono apagado… La piel es el espejo del estado interno. Si el hígado no logra eliminar bien las toxinas, estas pueden acumularse y manifestarse en problemas cutáneos.
Consejo: toma infusiones de cardo mariano o diente de león, plantas conocidas por su efecto depurativo sobre el hígado. Incorpora también omega-3 (pescados grasos, semillas de lino) para nutrir la piel desde dentro.
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