Además, la piel tiende a perder humedad, lo que también podría influir en la percepción del olor. No obstante, estos cambios no ocurren de manera uniforme en todas las personas, y factores como la genética, la salud y los hábitos de cuidado personal también juegan un papel importante. La alimentación y el estilo de vida pueden influir en cómo percibimos el olor corporal de alguien. Por ejemplo, ciertos alimentos y hábitos, como fumar, pueden afectar la fragancia que desprende una persona. Asimismo, la presencia de enfermedades o condiciones médicas específicas puede tener un impacto significativo en el aroma corporal, independientemente de la edad.
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