Al principio, era duro. Exigente. Poco hablador, a menudo crítico.
Pero con el tiempo, algo cambió. No hubo grandes declaraciones ni momentos espectaculares. Solo una evolución lenta, casi imperceptible.
Me quedé, incluso cuando fue difícil. Entendí sin que él hablara. Simplemente estuve allí.
Y a veces, eso es suficiente.
Un final difícil… y una salida brutal.
Cuando se fue, no fue una marcha pacífica. Fue lenta, ardua, real.
Unos días después, la casa se llenó de alboroto. Los niños llegaron, tomaron el control, se organizaron, decidieron… sin mí.
Entonces, muy rápidamente, todo se detuvo.
Una breve nota. Un sobre. Mis cosas ya están empaquetadas.
Diez años resumidos en pocos minutos.
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