Otro aspecto importante es la ubicación. Los cambios bruscos de ambiente pueden generar estrés en la planta. Por ejemplo, trasladar el romero de un interior a un exterior soleado sin adaptación previa puede afectar su desarrollo. Lo ideal es realizar estos cambios de manera gradual, permitiendo que la planta se acostumbre poco a poco a las nuevas condiciones.
La poda también influye en su estado general. Cuando el romero crece sin control, algunas zonas internas reciben menos luz y ventilación, lo que favorece el secado de ciertas ramas. Realizar una poda moderada ayuda a mejorar la circulación de aire y estimula el crecimiento de nuevos brotes. Es importante utilizar herramientas limpias y evitar cortar en exceso para no debilitar la planta.